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¿Quién Inventó el Pararrayos?

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El pararrayos es una de las invenciones más revolucionarias del siglo XVIII por los beneficios que aporta. Su función preventiva para la vida de las personas y de las sociedades en general lo hace uno de los artilugios mejor vistos por todos.


El pararrayos creado por Benjamín Franklin en el año 1753, es de los inventos que no pasan de moda y resultan trascendentales en la historia de la humanidad.


Si te interesa saber un poco más de este particular, conoce, ¿quién inventó el pararrayos?

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¿Quién inventó el Pararrayos?

El pararrayos: un cazador de rayos

Los rayos son descargas electrostáticas que impactan en la superficie terrestre, también pueden incidir sobre determinadas edificaciones o personas. Los rayos pueden transportar una carga de electrones en menos de un segundo, equivalente a 100 millones de bombillas de las cotidianas que se emplean, la media que se valora por rayos es de 20 GW de potencia. Ante estos efectos, los posibles perjuicios y buscando probables soluciones, se inventó el pararrayos, la fecha de creación data del año 1753, fue el investigador Benjamín Franklin su creador.

¿Qué es un pararrayos?

El pararrayos es un aparato destinado a establecer una vía con baja resistencia para el paso de la descargas por rayos, de esta forma evitan que la carga atraviese la estructura de un edificación, establecimiento, vivienda o lugar e incluso preserva la vida de los humanos.

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La invención del Pararrayos: antecedentes de su creación

Allá por el año 1747 cuando ya existían algunos científicos que se dedicaban a realizar trabajos de investigación sobre la electricidad. Fue entonces, cuando en Boston, Benjamín Franklin encontró algunos de estos experimentos y a partir de ellos desarrolló teorías que respaldaron años más tarde su creación.

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El científico norteamericano Benjamín Franklin reconoció de inmediato algunas similitudes entre la electricidad y los rayos teniendo en cuenta el color de la luz, la dirección de ambos que era torcida al igual que el sonido estruendoso. El estudioso estaba convencido de que las nubes viajaban por el cielo con cargas de electricidad que podían activar descargas a la tierra. Alarmado por las amenazas que representaban para la vida en general, se dio a la tarea de construir un artefacto capaz de servir de aislante, así comienzan a darse los primeros pasos en la invención del pararrayos.

El momento de la idea del pararrayos

La pasión de Franklin por investigar la electricidad lo llevó a prestar atención a un fenómeno que había pasado desapercibido para muchos otros antes que él. Un día, estaba volando una cometa cuando fue alcanzada por un rayo que la quemó, lo que llevó al ingenioso investigador a preguntarse si era posible atraer rayos de alguna manera.

Ató una llave de metal a sus cometas y continuó volando en días de tormenta hasta que el 15 de junio de 1752 pudo capturar otro rayo. La electricidad bajó por la cuerda de la cometa hasta llegar a la llave. Así demostró que era posible atraer rayos a las estructuras metálicas, evitando así que otros elementos fueran alcanzados.

Un año después, en 1753, comenzaron a instalar los primeros pararrayos. Barras metálicas de entre cinco y diez metros de longitud con punta de cobre o platino (materiales de alta conductividad eléctrica). Su instalación progresiva en tejados en los Estados Unidos (y más tarde en el resto del mundo) ha ayudado a salvar innumerables vidas y ha evitado incendios.

Una vez que el rayo queda atrapado, la barra de metal continúa en forma de línea de conducción . Esta línea se realizó con barras de metal o alambres de cobre. En cualquier caso, su función es llevar electricidad al suelo. Se colocó bajo tierra un disipador , que no es más que una extensión de esta línea. Allí, la electricidad del rayo se diluye y absorbe sin dañar a nadie.

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La aparición de los primeros pararrayos

De aquí que utilizar el pararrayos con estas características se convirtió en una sugerencia y en una necesidad permanente, aun cuando en sus inicios creó ciertas polémicas. De esta forma un pararrayos de los construidos por Franklin fue ubicado en el edificio más grande de Maryland, a este se le incorporaron todos los requerimientos indicados por el investigador y a pesar del paso de los años sólo se ha tenido un reporte por daños ocasionados por el alcance de un rayo. Razón que evidencia la efectividad del artefacto.

Aunque desde la invención hasta que se hizo cotidiano, tardó algunos años en extenderse la utilización del pararrayos de manera común, ya a principios de la década del 1780 en Estados Unidos existían instalados un promedio de 400 de estos artefactos encargados de la protección de edificaciones de todo tipo.

Esta invención por sus efectos preventivos resonó de manera contundente en otros países, se dice que incluso muy próximo a la fecha de creación, en la década del 60 ya en algunas ciudades de Europa se empleaba el pararrayos como un método eficaz de protección.

El Pararrayos en la Edad Moderna

Nikola Tesla, casi 2 siglos después, mejoró el pararrayos inventado por Benjamín Franklin, con nuevas teorías de atracción aplicadas a este artefacto.  Este científico basado en la anterior teoría logró perfeccionar el pararrayos e insertarlo al mercado, le confirió un punto de vista más efectivo en pos de la protección.

De igual manera el pararrayos, este artefacto inventado en el siglo XVIII mantiene una actual vigencia, mucho más mejorado, con nuevas prestaciones y características. Se logró gran aceptación dentro de una sociedad absorta por la novedad del invento e influidos también por la conciencia adquirida acerca de la peligrosidad que representan los rayos para la tranquilidad ciudadana en general.

Casi 250 años después de su creación el pararrayos se ha convertido en un elemento tan ubicuo que es sorprendente. Según indican los pronósticos del sistema de detección mundial de meteorología diariamente en el mundo se producen cerca de unas 44 mil tormentas y se generan más de 8 000 000 de rayos, en España, por ejemplo, por un mal manejo en el período comprendido entre los años 1941 hasta 1979 hubo cerca de 2000 muertos lo que representa 1, 6 muertos por años y por millón de habitantes. Si esta situación no es bien tratada puede causar perjuicios irreparables.

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Algunos datos curiosos acerca de la invención del pararrayos

El pararrayos se ha convertido en un artefacto de uso común, con varias formas y tamaños pero con una misma funcionalidad.

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Alcanzado por un rayo

La probabilidad de ser alcanzado por un ratos es más grande en el campo que en la ciudad, y según algunos datos que un rayo te alcance es de 1 de 2 320 000.

Rayos y tormentas

Los rayos no sólo aparecen en las tormentas, también cuando hay erupciones volcánicas, también en incendios forestales, en detonaciones nucleares y en grandes tormentas de nieve.

Impacto de los rayos

Cuando un rayo atrapa a alguien, el 30 por ciento de las personas mueren y el 74 de los que sobreviven quedan con discapacidades permanentes, es decir que el impacto es tan fuerte que los daños son irreversibles como daños psicológicos, fotosensibilidad o miedo a las luces, o problemas fisiológicos como cataratas, sorderas o pérdida de memoria.

El rayo y el sexo

La probabilidad de que un rayo alcance a un hombre es 6 veces mayor de la que pueda hacerlo a una mujer y la temperatura del rayo es 5 veces mayor de que la que se calcula en la superficie del Sol.

Sombreros con pararrayos

Poco tiempo después de haberse inventado el pararrayo, ante el auge y las facilidades de la invención, las mujeres de París salían a la calle con un sombrero especializado, pues sí, cuando había amenazas de tormentas las parisinas le incorporaban a los sombreros estos artefactos, jocosamente se conocían como sombreros meteorológicos.

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